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La duda

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En más de una ocasión he escuchado a alguien defender con orgullo su condición de escéptico como alguien que se atreve a ponerlo todo en duda. ¿Acaso no parece esa una actitud más valiente frente a la vida? ¿No es verdad que esa debería ser la actitud de una persona en una sociedad “moderna”? “No dejes que alguien superior te imponga su verdad, sé valiente y llega a la verdad por ti mismo”, parece que nos digan. Y si no sigues esta pauta, o bien eres un cobarde o bien un ignorante…

En Radiocable, el blogger Fernando Berlín dedicaba una entrada a la película Ágora[i] del director español Alejandro Amenábar, y terminaba su artículo con esta frase:

Porque sólo dudando de las teoría instaladas, de las verdades absolutas, evoluciona la ciencia, evoluciona el ser humano. “Tú te puedes permitir no dudar de las cosas, yo no”, -dice Hipatia, la científica. Impresionante.

Es decir, ser alguien en duda constante expresa una gran madurez de pensamiento… O como nos dice Pilar Rahola en otro artículo

Cuando un ser humano no puede dudar ante el dogma, cuando el dogma se convierte en ley y cuando la ley tiene la implacable intransigencia de lo divino, la derrota de la inteligencia es absoluta. Y entonces no queda aire para respirar, sólo queda la atmósfera densa y opaca de la esclavitud

De estas frases se desprende la idea del ser humano como medida de todas las cosas y de su capacidad racional como el valor más elevado. Aquello que no puede ser comprendido del todo, y por tanto que no cabe en nuestra mente, no es digno una confianza absoluta. Es decir, no pueden existir verdades absolutas  incuestionables. Pero esa visión no deja de ser bastante antropocéntrica e incluso contradictoria (se basa en la verdad abosulta incuestionable de que no pueden existir verdades absolutas incuestionables…)

Y en cuanto a la bella frase de Rahola, también puede ser revertida con facilidad. Simplemente si cambiamos la palabra dogma por duda y divino por humano la frase queda así:

Cuando un ser humano no puede dudar ante la duda, cuando  la duda se convierte en ley y cuando la ley tiene la implacable intransigencia de lo humano, la derrota de la inteligencia es absoluta. Y entonces no queda aire para respirar, sólo queda la atmósfera densa y opaca de la esclavitud.

¿Cuál de las 2 frases es más cierta? Depende de si nuestro punto de partida es Dios o el ser humano… Y ese es el dilema ante el cual nos pone la Biblia: vivir (y pensar) centrados en Dios o vivir (y pensar) centrados en nosotros mismos. (ver por ejemplo Deut. 6:5; Rom 1:18-23; Mt 22:34-40)

Comentando la película La duda, José de Segovia nos recuerda algo que a veces nos pasa inadvertido:

El problema de la duda metódica es que nadie la lleva a sus últimas consecuencias. ¿Por qué si no el racionalista que cuestiona todo, no duda de la duda misma? Sencillamente porque nadie puede dudar de todo. Para vivir con sentido, tenemos que suponer o creer en algo. De hecho, para poder dudar de algo, tenemos que creer primero en algo. No hay nadie que no tenga fe en ese sentido. Ya que como nos advierte Pascal, “nunca ha existido un verdadero y perfecto escéptico”. Puesto que “pocos hablan dudosamente de su escepticismo”. De hecho, los escépticos nunca dudan de su escepticismo.

Todos tenemos nuestras dudas, ¡y algunas nos llegan a atormentar! Entonces, ¿por qué no ponerlas en duda?

¿No será que la duda es, en parte, una elección?

Tim Keller advierte a creyentes de que

una fe que no tenga algunas dudas es como un cuerpo sin anticuerpos. las personas que viven alegremente demasiado ocupadas o indiferentes para preguntarse por qué creen lo que creen se encontrarán indefensas ante la tragedia o ante la discusión con un escéptico inteligente… los creyentes deben reconocer sus dudas y luchar con ellas -no sólo las suyas sino también las de sus amigos y vecinos

y también a escépticos de que

la única manera de dudar del cristianismo de una forma correcta y justa es discernir la creencia alternativa que hay detrás de esa duda y preguntarte a ti mismo que razones tienes para creer en eso. ¿Cómos sabes que tu creencia es verdad?. Sería inconsistente requerir más justificación para aceptar las creencias cristianas que para aceptar las tuyas propias

En definitiva, cuando estamos frente a la duda hay muchos factores que entran en juego: argumentos racionales, preferencias personales, la influencia de nuestra sociedad, etc. Y hay que trabajar en todas esas áreas si queremos luchar con nuestras dudas.

Algunos de nosotros hemos creído en Jesús, o lo que es lo mismo, hemos elegido poner en duda muchos de los argumentos contrarios al cristianismo y confiar en la persona de la que da testimonio la Biblia. No siempre podemos explicar los pasos concretos que nos han llevado a aceptar a Jesús como Señor y Salvador (en realidad la Biblia nos enseña que es el Espíritu Santo el que nos convierte), pero podemos decir que aunque en nuestro día a día hay dudas, la revelación de Jesús  que tenemos en la Biblia nos ha convencido y nos genera más confianza que cualquier otra teoría o persona.

¿Te atreves a dudar de la duda?


[i] Un par de reseñas críticas a tener en cuenta son las de Peio Sánchez (aquí) y Pablo de Felipe (aquí)

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