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La vida son sólo 10 segundos

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El sábado asistí, junto con un montón de gente, a una cena en la que un buen amigo mío había decidido invitar a todos sus amigos (comunes y no comunes), para que todos juntos celebrásemos con él su cumpleaños, el hecho de que también había conseguido aprobar unos exámenes importantes para él, y algo más. Para la ocasión, nos juntamos un grupo bastante numeroso y heterogéneo. Mi amigo, que también es miembro de la iglesia en la que soy uno de los pastores, me pidió que para aquella noche preparase unas palabras. Así que lo que comparto en esta entrada es algo de lo que el pasado sábado por la noche compartí con los amigos de mi amigo Placid.

Os hablaré del tiempo, de la vida, de la prueba reina de las olimpiadas (los 100 metros lisos) y por último de una palabreja bíblica de esas que a menudo escuchamos pero que a veces no acabamos de saber muy bien a qué se refiere. Estoy hablando de la palabra JUSTIFICACION.

Para empezar, estoy seguro que la mayoría nos hemos encontrado alguna vez encerrados con un extraño o con una extraña en un espacio reducido de apenas 2 metros cuadrados… y lo único que se nos ocurre hablar con la otra persona (como si se tratase del tema más importante del mundo) es sobre el tiempo.

De hecho, el tiempo es un tema recurrente en los espacios reducidos en los que te encuentras con extraños… y aquí, aunque técnicamente no estamos entre extraños… no está mal que empecemos conociéndonos un poco más (rompiendo el hielo de nuestra conversación) hablando, precisamente del tiempo. Pero no del tiempo en sentido metereológico, sino más bien en un sentido cronológico. De hecho, no hace demasiado nuestro anfitrión cumplió años y, aunque todavía está de muy buen ver… no hay duda de que el tiempo pasa… ¿verdad? Que me lo digan a mí, que este año voy a cumplir 39.

El tiempo es algo misterioso. Es algo que pasa, que nos pasa y se nos pasa; como el agua entre las manos… no lo podemos detener (como en el básquet). En la vida real no existe el tiempo muerto…. si se te para el tiempo, es que estás muerto! No lo podemos acumular, no lo podemos estirar (por más que queramos no hay días de 25 horas). Una vez ha pasado, en realidad no lo podemos recuperar. No hay un baúl del tiempo donde podamos almacenar para mañana el tiempo que no hemos sabido o no hemos querido aprovechar hoy.

En el tiempo se nos va la vida… minuto a minuto, una hora tras otra, cada día, cada mes y cada año que pasa es tiempo y es vida que pasa. En un sentido, somos tiempo. Por lo tanto, lo que hacemos con nuestro tiempo, la manera en la que lo gastamos, invertimos o aprovechamos, es como gastamos, invertimos, aprovechamos o desaprovechamos la vida. Qué hacemos con nuestro tiempo es lo que hacemos con nuestras vidas. A qué le dedicamos nuestro tiempo es a lo que le estamos dedicando nuestras vidas.

¿En qué cosas se te van las horas? Ahí es donde se te va la vida. ¿Quieres saber que es aquello que marca, da sentido y propósito a tu vida? Fíjate en las cosas a las que dedicas tu tiempo, de las que podrías pasar horas hablando, las que apenas te suponen ningún esfuerzo, para las que nunca estás cansado. No hace falta que lo creas… es una realidad que por más que la queramos negar acaba teniendo su impacto en nuestras vidas.

Por amor al tiempo, vamos a continuar con nuestra reflexión y dejamos atrás el tema del tiempo y cómo éste acaba reflejando aquella o aquellas cosas por las que realmente vivimos o, incluso, nos desvivimos. Esto no lleva a la carrera de los 100 metros lisos; pero no a la de la final de la semana pasada de los Europeos de atletismo en Barcelona, en la que ganó por primera vez después de 28 años un atleta blanco (Chritophe Lemaitre). Ni siquiera nos vamos a ir a la carrera de hace un año en Berlín en la que el hombre más rápido del mundo (Usain Bolt) paró el crono en la inhumana marca de 9’58 segundos!! Allí donde quiero llevarps es a las Olimpiadas de Paris de 1924, el escenario real sobre el que se basa la famosa película Carros de Fuego, que nos cuenta la historia de dos excepcionales atletas ingleses que forman parte del equipo olímpico británico y que corren los dos con una gran pasión, aunque con motivaciones muy distintas.

En un momento de la película, Eric Liddell (hijo de misioneros escoceses y al final el mismo predicador y misionero cristiano) explica que el cree que  Dios le había creado con un propósito, pero que también le había hecho rápido; por lo tanto, realmente disfrutaba al correr porque sentía que eso era algo que a Dios también le agradaba.  Así que para Lidell, la vida era vivir para la gloria de Dios… haciendo aquello que le agradaba a Dios… ya fuera corriendo lo más rápido que sus piernas le permitían o entregando literalmente su vida al servicio de gente que ni tan siquiera conocía. Después de las Olimpiadas, Liddell se fue a las misiones en China y años después, murió durante la ocupación japonesa durante la II Guerra Mundial.

En contraste, Harold Abrahams, compañero de equipo de Liddell, confiesa que su motivación cuando levanta los ojos y mira hacia la meta son 10 escasos segundos para justificar toda su existencia. Su razón de vivir, aquello que justificaba su existencia, eran los 10 escasos segundos en que podía demostrar al mundo entero que, a pesar de ser judío –en la Europa previa a la ascensión nazi- podía saborear el éxito y la aceptación social… que en esta vida podía ser alguien y hacerse un nombre.

Volvemos al tema del tiempo (10 segundos) y el propósito de la vida, pero introduciendo ahora el último concepto del que quería hablaros en esta tarde… la justificación o, lo que es lo mismo… aquello que sirve como motor que da sentido y propósito a nuestra existencia. En un sentido, la vida son 10 segundos… y todos estamos en la misma carrera; pero no todos tenemos la misma motivación y la meta no será la misma.

Nuestro amigo Placid está corriendo y aprovechando el tiempo. Hoy celebramos con él que ha superado un paso importante en esa carrera, pero al invitarnos hoy él quiere celebrar y compartir con todos nosotros que lo que realmente le motiva no es hacerse un nombre, sino que al igual que Liddell, lo que le motiva es que al confiar en Cristo, Dios le ha dado un nuevo nombre… que es el que de verdad le define y da sentido y propósito a cualquiera que sea la cosa que con el paso del tiempo acabe siendo de su vida. Porque ya sea que como ahora estudie, trabaje, se case y acabe formando una familia,  lo que sin duda le continuará motivando a correr será agradar y honrar a Dios con su vida.

Y esto no es algo que sólo sea posible para él, sino que también lo es para ti,  porque no se trata de nada que él haya hecho, sino de todo lo que Cristo hizo por él y por ti.  Sería bueno que no dejáramos que simplemente nos vaya pasando el tiempo… y aprovechemos en estos pocos metros cuadrados en los que transcurren nuestras vidas en preguntarnos -como si de hecho fuera lo más importante que podemos preguntarnos en esta vida- acerca ya no tanto del tiempo que hace, sino más bien de qué es lo que estamos haciendo con el tiempo que nos ha sido regalado.

En otro momento de la película, Abrahams le dice a uno de sus amigos, un tal Aubrey –que también es cristiano como Liddell: “Aubrey, para mi tú eres uno de los hombres más completos que conozco. Eres valiente, compasivo, amable y vives con contentamiento. Yo tengo 24 años y nunca he sabido que es el contentamiento. Siempre estoy corriendo como tratando de alcanzar algo, pero ni siquiera se tras lo que corro.”

Si, por algún motivo, te sientes identificado con Abrahams, tal vez algún amigo cristiano que tengas cerca (como Placid, para muchos que hoy estamos aquí) pueda ser tu Aubrey. No desaproveches el tiempo y entabla esa conversación que puede cambiar de forma radical tu vida.

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