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¿Qué es un avivamiento? (1)

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Poco a poco, vamos cogiendo el ritmo y recuperando entradas que se nos han ido quedando atrasadas. Hoy os dejamos con la primera entrada que Tim Keller escribe sobre un tema que hoy día no parece ser tan popular como lo fue un tiempo atrás. ¿Por qué hemos dejado de pensar o incluso de desear el avivamiento? En esta primera entrada empezamos a pensar sobre el tema y al final de la siguiente, ¿tal vez acabamos deseando poder experimentarlo?

Me alegró mucho ver el Nuevo libro de Collin Hansen y John Woodbridge, A God-Sized Vision: Revival Stories that Stretch and Stir, porque tan sólo una generación atrás, la gente estaba mucho más interesada en y deseaba más el avivamiento que la generación presente, aunque entonces cada cual tuviera una idea de lo que era un avivamiento. Para muchos en las tradiciones bautistas y metodistas, “avivamiento” significaba una etapa de vigorosa actividad de cara a la oración, la renovación y la evangelización. Para pentecostales y carismáticos, significaba un tiempo durante el que los dones extraordinarios del Espíritu Santo eran evidentes. Para aquellos en la tradición puritana-reformada que veían la teología de Jonathan Edwards como algo definitivo, significaba una intensificación de los medios ordinarios de gracia y una gran oleada compuesta de aquellos en los que se despiertan preguntas [espirituales], de pecadores verdaderamente convertidos y de creyentes renovados espiritualmente.

Cuando mi mujer y yo llegamos al Seminario Gordon-Conwell en 1972, los dos pudimos ver, cada uno en su respectivo campus, un extraordinario año de renovación espiritual. (Kathy fue al Allegheny College en Meadville, PA.) Antes de 1970, todos los grupos bíblicos universitarios de InterVarsity en las universidades de Pennsylvania eran pequeños y poco atractivos.  En mi campus, la Universidad Bucknell, InterVarsity estuvo compuesto de entre 5 a 15 estudiantes por unos cuantos años. Entonces, durante el curso 1970-71 se produjo una explosión de interés spiritual, y hacia final de año teníamos una asistencia de 100 estudiantes a las reunions, a pesar de que no hubo ningún tipo de programa evangelístico. También recuerdo que esa primavera fuimos al retiro [que InterVarsity organizaba] para todo el área central de Pennsylvania y descubrimos que lo mismo había estado ocurriendo de forma espontánea en otras universidades.

Al llegar a Gordon-Conwell tomamos un curso con RichardLovelace que llevaba por nombre “Las dinámicas de la vida espiritual” y el siguiente semestre tome su curso sobre la historia de los grandes avivamientos. Fue entonces cuando leí a fondo a Jonathan Edwards y conocí también a quienes le “modernizaron”, como D.M. Lloyd-Jones y J.I. Packer, y el mismo Lovelace, que rezumaba Edwards en su clásico Las dinámicas de la vida espiritual. Sus descripciones del avivamiento fueron de una gran ayuda para entender lo que había visto, aunque de forma muy breve, en nuestro campus. Después del Seminario Kathy y yo nos fuimos a una pequeña iglesia en Hopewell, Virginia, donde vimos un creciemiento sólido y algunas maravillosas conversiones individuales, pero no podríamos decir que presenciamos lo que suele describirse como un avivamiento. Sin embargo, unos años más tarde, durante los primeros 18 meses después de haber fundado Redeemer en la ciudad de Nueva York, de nuevo vimos “las dinámicas espirituales” que ambos habíamos presenciado en nuestros respectivos campus veinte años atrás. Por aquél tiempo (1989-1991) Manhattan estaba muy castigada por el crimen y pasaba por una recesión. Había muy pocas iglesias evangélicas en todo el área metropolitana, y los cristianos no venían a vivir a la ciudad, sino que se iban fuera de ella. Aún así, vimos a unas 100 personas venir a la fe y en tan sólo unos pocos meses la iglesia creció de cero a cientos en asistencia; todo ello en un lugar donde absolutamente nadie creía que pudiera ocurrir. En mis lecturas sobre la vida de Lloyd-Jones, he visto que a él le ocurrió lo opuesto que a mí. Al principio el pastoreó un punto de misión que a duras penas se sostenía en una pequeña ciudad de Gales, Aberavon, donde vio muchas conversiones y un crecimiento en asistencia de casi 900 personas a los pocos años de ministerio. Eso era algo de lo que, simplemente, no se oía hablar por aquel tiempo y áun menos por aquellos lugares. Sin embargo, él no vio el mismo tipo de dinámicas de avivamiento en su iglesia o en su ciudad durante su último tiempo de ministerio en el centro de la ciudad en la Capilla de Westminster en Londres.

¿Qué he aprendido de todo esto? Los avivamientos pueden ser más largos, durar durante varios años, o más cortos, durando tan sólo unas pocas semanas; pueden ser más extendidos, afectando a toda una ciudad, región o país, o más limitados en su alcance, afectando tan sólo a una congregación. Pero son épocas en las que la acción ordinaria del Espíritu Santo es intensificada en gran manera. Creyentes inmaduros [que hasta entonces estaban] “adormecidos” vibran con un arrepentimiento lleno de gozo y ponen a Cristo en el centro de sus vidas. Cristianos nominales [que pasan inadvertidos] en medio de las congregaciones se convierten y dan testimonio de ello, lo que lleva a que otros que también estaban dormidos despierten. Al final resulta que los no creyentes se sienten atraídos a esta comunidad cristiana renovada y empiezan a abrazar a Cristo en tal cantidad de número que desafía cualquier cosa que entendamos como una explicación normal. En estos casos el  “iglecrecimiento” no se puede atribuir a un marcado giro socio-demográfico o a eficientes programas de alcance  evangelístico.  Lo más significativo de todo  es que en las reuniones de alabanza corporativa se puede sentir una fuerte presencia de Dios que no está siendo orquestada por quienes presiden.

¿Qué es lo que produce el avivamiento? ¿Acaso es correcto hablar de métodos y “medios”? Hablaremos más sobre ello en la siguiente entrada.

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* Puedes leer el original (en inglés) aquí

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