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Cuando la iglesia no es lo que debería ser 2

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Seguimos con la segunda entrada de esta serie sobre las perspectivas bíblicas que necesitamos para poder responder bien cuando la iglesia va mal.

Experiencia, interpretación, respuesta – y la importancia de una buena perspectiva bíblica

En todos los casos articulados en la primera entrada vemos que se repiten ciertos factores comunes. En cada situación la persona o gente involucrada ha tenido algún tipo de experiencias negativas en el contexto de su iglesia. Han hecho algún tipo de interpretación de esas experiencias y, en consecuencia, esas interpretaciones han resultado en algún tipo de respuesta.

En última instancia nuestra manera de entender cómo es la iglesia, y cómo debería ser, debe estar profundamente arraigada en la enseñanza bíblica sobre la misma. Es decir, nuestra comprensión bíblica de la naturaleza de la iglesia debe ser decisiva a la hora de interpretar nuestras experiencias, aún en los casos peores, y como consiguiente servir de guía para la respuesta que damos a dichas experiencias.

Sin embargo, las malas experiencias de la iglesia tienen una gran fuerza. Y no es de sorprender que sean estas malas experiencias las que, precisamente, acaben determinando nuestra interpretación y nuestra respuesta, especialmente si la perspectiva bíblica que tenemos es bastante débil.

Es muy instructivo llevar esta reflexión un paso más y hacer una comparación entre “malas experiencias en la iglesia” y el sufrimiento en general. De hecho, una mala experiencia de iglesia puede ser considerada como un tipo de sufrimiento. Los efectos de la Caída se manifiestan en toda una gama de relaciones; las cosas no son como deberían ser o de la manera en la que originalmente fueron hechas. La manera en que la Caída afecta en este sentido es aquí especialmente dolorosa y trágica, debido a la naturaleza de la iglesia como el pueblo redimido de Dios y templo del Espíritu Santo.

Donald Carson escribe lo siguiente en la introducción a su libro sobre el sufrimiento, ¿Hasta cuándo, Señor?:

Principalmente, este es un libro de medicina preventiva. Uno de los motivos principales del dolor devastador y la confusión entre los cristianos es que tenemos expectativas equivocadas.  No le concedemos al tema del mal y el sufrimiento la reflexión que merece hasta que nos vemos inmersos en una tragedia. Si en ese punto nuestras creencias –no demasiado meditadas pero profundamente enraizadas– se hallan en su mayor parte desfasadas respecto al Dios que se ha revelado en la Biblia y, de forma suprema, en Jesús, entonces el dolor producido por la tragedia personal puede verse multiplicado muchas veces, a medida que empezamos a cuestionarnos los mismísimos fundamentos de nuestra fe.[1]

Podríamos decir algo parecido en cuanto a lo importante que es una buena comprensión de lo que es la iglesia. Eso no significa que por ello podamos evitar las malas experiencias, de la misma manera que tampoco nos evitará el sufrimiento tener una buena teología del mismo. Pero en ambos casos, una buena comprensión influirá sobre la interpretación y la respuesta que demos cuando nos encontremos en medio de malas experiencias. Tal y como Carson señala, esta reflexión debería –idealmente- ser previa a y en preparación de dichas experiencias. Es por lo tanto necesario que en las iglesias se de una buena educación acerca de la iglesia – y esta enseñanza será en sí misma una buena medida de seguridad para cuando las cosas se pongan mal.

En la tercera entrada empezaremos a examinar algunas enseñanzas bíblicas acerca de la iglesia que nos ayudarán a enfocar bien todo este tema.


[1]Carson, D. (1995, 1ª ed.) ¿Hasta cuándo, Señor? Reflexiones sobre el sufrimiento y el mal (Andamio), p.9.

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