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El matrimonio, según la Biblia (2)

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Continuamos nuestra serie sobre el matrimonio desde una perspectiva bíblica a partir del texto que leemos en Efesios 5:22-33. Supongo que como le sucede a una gran mayoría de personas cuando leen este pasaje, personalmente encuentro chocante expresiones tales como “las casadas estén sujetas a sus maridos” o “el marido es cabeza de la mujer” o incluso esa coletilla al final “y [que] la mujer respete a su marido”. Todo eso, a mí que no soy feminista, pero tampoco para nada machista, diría que me suena bastante fuerte… sobre todo teniendo en cuenta que son expresiones que provienen de un libro que se supone nos habla de libertad y de la igualdad entre las personas. ¿Cómo conciliar una cosa con la otra?

A la hora acercamos al texto bíblico, creo que es muy importante tener presente el dicho: “Usar un texto fuera de contexto no es otra cosa sino hacer del mismo texto un simple pretexto.” Y es, precisamente, con este principio en mente, que hemos de evitar leer el texto de Efesios sobre el matrimonio, sacando fuera de su contexto expresiones tales como que “las casadas estén sujetas a sus maridos” o que “el marido es cabeza de la mujer” o incluso esa coletilla al final “y [que] la mujer respete a su marido.”

El hecho es que estas declaraciones, supuestamente machistas, de la Biblia, no lo son tanto o mejor dicho no son para nada machistas si las leemos en su contexto, que no es otro sino el de la sumisión mutua de los esposos: “someteos unos a otros”, pues es así como empieza la sección. Y para ser más precisos, la expresión completa es “someteos unos a otros en el temor de Dios” (Efesios 5:21).

Teniendo en cuenta la mentalidad egocéntrica de la sociedad en la que vivimos, por su puesto “someteos unos a otros” no son palabras que uno escuche a diario en el mundo de los negocios; no se trata tampoco de un eslogan publicitario o de un principio de liderazgo empresarial. “Someteos unos a otros” son, por tanto, palabras un tanto desconcertantes en el contexto en el que vivimos; pero con estas palabras, Dios -por medio del apóstol Pablo- nos instruye, nos da unas normas, mandamientos o principios que, precisamente, delimitan o establecen los términos apropiados para una relación de matrimonio (y nunca mejor dicha la frase) tal y como Dios manda.

En la siguiente entrada veremos cómo Pablo elabora esta idea, de manera que se resuelve el conflicto por la aparente contradicción de términos entre la libertad y la igualdad de las personas propias del mensaje bíblico y este llamado a la sumisión mutua que nos choca tanto.

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